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sábado, 10 de enero de 2026

461. La memoria del cuerpo

 Después de años −décadas, quizás− de habituar mi cuerpo a un rango muy limitado de movimientos, por más que a veces, dentro de ese rango, haya llegado a hacer un nivel de ejercicio bastante intenso, siento ahora la necesidad de ampliarlo mediante unas tablas de ejercicios que sean mucho más completas (y adecuadas a mi edad). Algo parecido me está ocurriendo con la lengua alemana, que en algún momento de la infancia fue mi L2, y me pregunto ahora en qué medida puedo recuperarla para una lectura habitual y fácil de textos literarios, también poesía, y filosóficos. Noto que en ambos casos el límite, la rigidez, el olvido (en gran parte reversible) está en mi cuerpo, frío y seco, como vio (acertadamente) el envejecimiento Aristóteles en los Parva Naturalia. Sin embargo, parece que todavía hay margen, hay reserva para atender al imperativo pindárico ("llega a ser el que eras"). El que pueda ser.