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sábado, 8 de agosto de 2026

496. Paz y silencio

 Esto mismo escribía ayer en un mensaje de whatsapp dirigido a un amigo, eso que me parece haber encontrado durante unos días en un pequeño hotel perdido (es un decir) por los montes del Sur de Galicia, no lejos del Miño. Tan sociables como somos (aunque no sea yo el mejor ejemplo de sociabilidad humana, como tantas veces se me recuerda), creo que muchos disfrutamos a veces de una especie de retiro existencial que nos permita habérnoslas tranquilamente con nuestro hombre interior, como decía San Agustín (Noli foras ire...). Solo eso, un poco de calma y de silencio, como quería Schopenhauer,* sin abusar, sin glorificar la soledad** ni menospreciar la amable, cálida y necesaria compañía de las personas a las que queremos.

(Fofe, O Covelo) 

 

* No tengo ahora a mano esa cita del filósofo que hace años imprimí en una hoja y tuve expuesta durante mucho tiempo en mi despacho del hospital. Venía a decir (la buscaré) que la inteligencia de una persona es inversamente proporcional a la cantidad de ruido que es capaz de tolerar.

** No es, creo, lo que hace Cernuda en su Soliloquio del farero, cuando dice "soledad tan mía", y su faro parece un buen retiro, como este hotel, perdido en "el bosque y su alentar pagano".

 

 

jueves, 16 de julio de 2026

491. Epoché vacacional

 Hay un modo mental, o quizás mejor disposicional (o intencional), que se caracteriza por construir, producir, por tomar decisiones y tener presente en todo momento adónde se quiere llegar. Querer, sí (no hay que olvidar a Schopenhauer), y también planificar (con nuestros lóbulos frontales bien activos y dominantes). El artículo que hay que escribir, la presentación que hay que preparar. Sí, aunque en todas las cosas el proceso creativo (término este un tanto eufemístico e hiperbólico) sea al final mucho más inconsciente y afortunadamente las cosas suelan "salir solas", o así lo parezca. Y eso implica también aprovechar muy bien el tiempo, por lo general tan escaso, tan compacto.

Pues bien, es posible que unas vacaciones (mentales o, de nuevo, mejor disposicionales), aun cortas (su tiempo no es el de la producción, sino el de la contemplación), lleguen a serlo realmente por poner en suspenso (como en una epoché fenomenológica), siquiera durante unos días, esa necesidad habitual (también hábito) de construir y decidir.  Ni ciencia de día ni ciencia de noche (pensando en Jacob): en todo caso, ciencia de vacaciones. 

(Cruceiro de Roo, julio de 2026) 

 

 

viernes, 12 de junio de 2020

165. Bajo el signo de la ceniza

Observo que existe un determinado tipo de personas, o de caracteres, si se quiere (por utilizar un término clásico), entre los que creo encontrarme, para quienes el impulso motivador para embarcarse en un nuevo proyecto ilusionante viene con frecuencia acompañado del temor, súbito e irrracional, de no poder llevarlo a cabo debido a una enfermedad repentina e irremediable. 

(Me parece que hubo un tiempo en que leí demasiado -y con gran placer- a Schopenhauer.)


viernes, 19 de octubre de 2018

20. Schopenhauer y el pensamiento personal

La lectura de Schopenhauer es una fuente continua de sabiduría, e incluso en las ocasiones (no infrecuentes) en que el filósofo parece algo desmesurado sus textos nos ayudan a pensar. Precisamente sobre la lectura de otros autores dice esto (Complementos, Ed. Trotta, p. 109):

"Desde luego, la afluencia continua de pensamientos ajenos tiene que obstaculizar y asfixiar los propios e incluso, a la larga, ha de paralizar la capacidad de pensar si esta no tiene un alto grado de elasticidad capaz de resistir aquella corriente antinatural. De ahí que el incesante leer y estudiar echen a perder la mente, no solo de forma directa, sino también porque el sistema de nuestros propios pensamientos y conocimientos pierde su globalidad y su conexión permanente cuando con tanta frecuencia lo interrumpimos arbitrariamente para dar espacio a un curso de pensamientos totalmente ajeno."

Hay un momento en que uno deja de oír tanto la voz de los otros, y empieza a escuchar su propia voz, y la identifica y la valora. Es un momento importante en la vida. Como sugiere Schopenhauer (y algo añado yo), a los que hemos leído demasiado, eso nos ocurre más tarde.

(Y, sin embargo, sabemos que nunca se lee demasiado.)