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viernes, 18 de septiembre de 2026

503. As is

 Lo leo en un MTA (material transfer agreement), un documento de compromiso que se firma cuando uno cede o recibe muestras o productos biológicos (cosas de biobancos, de "biobanqueros"). En este caso, nos envían un producto (un anticuerpo), y dice el documento que se nos proporciona "as is", tal cual, sin procesar, sin elaborar (que, por lo visto, esto otro se dice "to be" en este lenguaje jurídico o contractual tan ontológico).

 Se me ocurre que así hay que tomar también la vida (bios), tal como viene, como está, sin mucha elaboración, as is. Sin interpretar, como quería Rilke. Cuando recibimos y cuando damos, como en el MTA. 

 

 

domingo, 23 de agosto de 2026

499. Lo que vale la pena

 ¿Qué es lo que vale más la pena pensar? (Por decirlo con cierto aire heideggeriano). Sigue siendo eso, creo: esa línea de sutura, como vengo diciendo (zoé, bios), ese gozne, como decían Wittgenstein y Trías, aunque cada uno en un sentido algo diferente (y habría que analizar bien esta diferencia); ese intrincado espacio de contacto entre nuestra oculta e infinitamente compleja vida biológica (el ser vivo, el animal, el hominoide que  en el fondo somos, y también en la superficie) y nuestro diáfano mundo lingüístico, noético, cultural y tecnológico. Seguimos siendo en eso profundamente darwinistas, y fieles tanto al segundo como al primer Origen

Y todo ello, ¿para qué? ¿Entenderíamos así, p. ej., mejor a Rilke*? Precisamente, como decía Freud, llegaríamos con el pensamiento racional y la ciencia allí donde han estado siempre antes, con sus intuiciones, los poetas. Los grandes poetas se acercan a esa zona, a las "galerías del alma", con la palabra como único instrumento, en el límite de lo inefable, al servicio de la intuición, en sentido bergsoniano. Y nos ayudan, con sus poemas, a que nosotros intentemos hacer lo mismo. ¿Qué quiere decir estar vivo, sentirse vivo?, me preguntaba yo en mi proyecto de tesis. Eso, justamente eso que podemos intentar pensar científica y filosóficamente, e intuir poéticamente.

 

 * Digo Rilke como podría hablar de muchos otros poetas de los grandes. Eustaquio Burjau, excelente traductor de Heidegger, da cuenta, con cierta ironía, de la dificultad que entraña entender la poesía de Rilke en la Introducción a su propia traducción del poeta austriaco: "(...) ¿cómo es posible que un poeta tan difícil y que presenta un universo conceptual tan coherente y cerrado haya podido ser objeto de una atención tan pertinaz por parte de poetas y lectores? ¿Entendieron realmente a Rilke quienes lo leyeron con tanta pasión y se dejaron fecundar por él? (...) ¿Es posible que un poeta pueda influir en otros sin que estos lo hayan entendido del todo, o no lo hayan entendido en absoluto?" (Rilke, R. M. Elegías de Duino. Sonetos a Orfeo. Traducción de Eustaquio Burjau. Madrid: Cátedra, 2025, p. [50])

 

 

498. Las vacaciones, el descanso y el espacio abierto

 Unos días recientes de descanso pueden ser un buen motivo para pensar en qué consiste realmente esto de "desconectarse" en vacaciones; o por qué vuelve uno de estos retiros o viajes, más o menos prolongados, con un ánimo en cierto modo renovado. No quisiera perderme en consideraciones sobre lo "turístico" y lo ajeno que se ha ido volviendo todo eso para mí en los últimos años. En realidad, creo haber hecho poco turismo, más allá de haber visitado unos cuantos sitios interesantes más bien al acaso y preferiblemente a pie. Cada uno puede tener sus motivos o sus ganas particulares, más o menos conscientes, para irse de vacaciones, y tampoco voy a entrar en ese aspecto sociológico, pero una reflexión de este tipo, más bien banal, también podría ofrecernos alguna clave sobre lo que queremos dejar aquí cuando nos vamos, cuando nos ausentamos temporalmente (siempre con ganas y con cierta prisa). El contexto personal o familiar de las vacaciones, por último, es importante, naturalmente, pero no creo que afecte a lo que ocurre en el plano intencional y emocional que persigo ahora en esta breve reflexión (algo retrospectiva, como se verá a continuación).

 Unos pocos días tranquilos en el valle del Miño/Minho, en su tramo transfonterizo, me han hecho pensar que algo que me produce calma y sensación de descanso es el espacio abierto y claro, luminoso, como el que, de forma ejemplar pude contemplar desde Melgaço, hacia el Oeste en la dirección del curso del río, que allí queda oculto en el fondo del valle. O también en la ribera portuguesa del río, recorriéndola tranquilamente en bici, y disfrutando, casi en soledad, de una paz que solo en sitios como este es posible encontrar. Un espacio abierto, inmenso, y aun así de dimensiones humanas, asimilables, unitario y con sentido, por más que técnicamente (por decirlo de alguna forma), incluya dos países vecinos. Tanto da eso, aunque me sirviera en ese momento también para actualizar una metáfora geográfica, de hace algunos años, sobre mi condición híbrida (ciencia/filosofía), con motivo entonces de otro valle gallego (§224). Lo abierto (Das Offene), que me lleva, en uno de esos tránsitos que tanto me entretienen (así es mi Glasperlenspiel personal) a otro QSY más antiguo (§157) donde recordaba un artículo de Carlos Gurméndez en El País. Allí el filósofo y amigo, desde su Pontedeume vacacional (otro río y otro valle en Galicia), recordaba la crítica (filosófica, Auseinandersetzung) de Heidegger a Rilke sobre lo que significa el espacio abierto para el animal y para el hombre (Octava Elegía, Elegías de Duino). Como la cuestión es de las que me interesan especialmente, habrá espacio aquí en un futuro cercano para decir si en eso estoy con el filósofo o con el poeta. Es posible que el recuerdo de mi pequeño viaje por el valle del Miño me ayude a decidirme. 



viernes, 14 de agosto de 2026

497. Insustituible

 De nuevo a vueltas con la memoria. En este último tiempo, por diferentes motivos, más o menos académicos, más o menos personales, todos ellos compartidos por la memoria autobiográfica. Tenemos que distinguir bien entre el pasado y el recuerdo. El pasado es insustituible, insoslayable, como en los versos de Rilke*. El recuerdo no, porque mira más al futuro que al pasado. El pasado está escrito en nuestro cuerpo y en nuestro mundo, en los seres humanos que lo conforman, aunque no sepamos leerlo (la mayoría de las veces). Está incorporado a nuestro presente, física, materialmente. Es la obra, humilde y fugaz, que somos; en cierto modo cerrada, cumplida, aunque siempre interpretable. Que todo ese pasado y su innegable sentido trascienda o no a nuestros sentimientos, pensamientos o sueños actuales, eso depende de muchas cosas; quizás, en gran medida, de lo que esperamos de él en cada momento. 

(Monçao) 

 

*  “(…) Todo una
vez, sólo una. Una vez y nada más. Y nosotros también
una vez. Nunca otra. Pero este
haber sido una vez, aunque sea una sola:
haber sido terrenal, no parece revocable.”

(R. M. Rilke, Novena Elegía, Elegías de Duino.) 

 

 

sábado, 1 de junio de 2024

370. Fulgurante

 Internet, las redes sociales, comunicativas, entre caóticas, libres y (oculta, pero muy precisamente) dirigidas. Uno sabe, por lo general, qué puede esperar de ellas, información menos homogénea que la de cada medio corporativo (ahí están todos, al menos los que no están prohibidos), más diversa y más extrema (as usual, eso dependerá de dónde se sitúe el punto medio virtuoso, y en eso son especialistas los medios corporativos), mucho dolor y espanto (la guerra: el mal), mucha rabia, y a veces también expresiones de auténtica felicidad, y de inteligencia, y de belleza. 

En esa especie de mercado persa, la poesía tiene el efecto purificador que suele tener en la vida (cotidiana, si uno tiene buen cuidado Sorge de que la poesía se convierta en algo cotidiano). Purificador de las palabras, de su sonido y sentido (Valéry), de los instantes, los sentimientos (propios y compartidos), de la memoria (individual y colectiva), de eso, en fin, medio oculto que pre-sentimos como verdadero. 

Afortunadamente, si uno se deja buscar por ella (por los algoritmos dichosos, supongo), hay mucha poesía en internet, sobre todo citada, y uno no puede sino agradecer (a quien corresponda) cuando en la pantalla se cruzan unos versos que no le son conocidos... y son, además, fulgurantes.

Así es la buena poesía, la grande, y ese es el término que me vino inmediatamente a la conciencia cuando los leí: fulgurantes. Versos traducidos, además, del alemán, con todo lo que la traducción podría dejarse en el camino. Unos versos de Rilke, un poeta lleno de fulgores (como, entre nosotros, Valente). 

No conservo la pantalla original ni puedo decir que esta sea exactamente la traducción (ni la versificación) que me llegó entonces, y he tenido que dirigirme de nuevo a la web para buscarla (no tengo el libro físico en alemán ni en español). No cuesta nada encontrarlos porque toda la gran poesía está en la web (en unos pocos aspectos, este mundo hipertecnológico es maravilloso).

"Giro desde hace miles de años 

Y todavía no sé: ¿soy halcón? ¿soy tormenta?
¿O bien soy un gran canto?" *

No es fácil explicar (ni explicarse) cómo un conjunto tan limitado de palabras puede tener un efecto tan potente sobre el alma (si a algo podemos llamar hoy alma sería justamente esto, aunque también, con Aristóteles, Heidegger y Byung-Chul Han**, podríamos llamarlo corazón). En estos casos, antes de hacerme más preguntas, prefiero buscar el texto original e imaginar (pecado de hybris) mi propia traducción. Para ello también fue generosa la web. Incluyo aquí la estrofa completa, que permite apreciar el contexto de los versos. 

"(...) und ich kreise jahrtausendelang; 
und ich weiß noch nicht: bin ich ein Falke, ein Sturm  
oder ein großer Gesang." ***
 
No se me ocurre nada que pueda acercar el texto castellano del traductor a mi propia lectura de los versos de Rilke. Quizás, podría parecer que la pregunta tiene una nota más suave e indecisa en el texto original, sin signo de interrogación, y eso le da al texto un carácter más meditativo, como si en realidad el poeta no esperara ninguna respuesta a sus ¿preguntas?. Conviene, en todo caso, tener presente qué significa ahí el giro al que hace referencia la voz poética. Estas estrofas pertenecen al comienzo del primer Libro del poemario, Das Buch vom mönchischen Leben, El libro de la vida monástica. El poeta acaba de despertar y su mirada redescubre el mundo (O brave new world, exclama la Miranda de Shakespeare), que se le presenta como se le ofrecen a una novia las cosas que desea, las pequeñas y las grandes, y el alma se echa a volar.

"Vivo la vida en círculos crecientes
Que sobre las cosas se dibujan…
El último quizás no lo acabe
Y sin embargo quiero intentarlo.
Giro en torno de Dios, de la torre antigua.
Giro desde hace miles de años
Y todavía no sé: ¿soy halcón? ¿soy tormenta?
¿O bien soy un gran canto?" *

Como decía, leí estos versos hace unos días, cuando cruzaron la pantalla de mi ordenador como una estrella fugaz, y reconocí en ellos su efecto fulgurante. Ayer, al despertar de un breve sueño de propofol mezclado con un gas de estupendos efectos, despertar digno de un poeta, creo que los comprendí (viví, erlebte) algo mejor.


* Rilke, Rainer María. El libro de las horas. Traducción de Federico Bermúdez Cañete. Barcelona: Lumen, 1993. 

** Han, Byung-Chul. El corazón de Heidegger. Barcelona: Herder, 2021.

*** https://www.gutenberg.org/files/24288/24288-h/24288-h.htm