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sábado, 30 de mayo de 2026

484. Injusticia y vergüenza en el Gorgias

 En sus Distancias, Martínez Marzoa (como es frecuente, y admirable, en sus textos), disecciona con detalle y precisión filológico-filosófica los argumentos y las nociones que entran en juego en el Gorgias platónico. La retórica, la justicia, la política, la verdad (cuestiones bien actuales, por cierto), y también la vergüenza (o el pudor), primero de Gorgias y después de Polo, en el momento de aportar, o más bien de callar, de omitir, alguna línea posible de argumentación. Como ando últimamente un tanto autorreferencial (vale recordar eso de que en un texto podemos encontrar tanto una ventana como un espejo), me quedo aquí con un fragmento que resume el marco argumental de Sócrates frente a Polo:

 "El «padecer injusticia» (la injusticia de otro), si bien es malo, pues significa que no has sido lo bastante capaz para evitarla, en todo caso es menos malo que ser tú mismo quien la cometa; y, en el supuesto de que tú mismo cometas injusticia, es menos malo reparar (didónai díken) que no hacerlo, es pues, preferible sufrir el castigo a no sufrirlo, pues el sufrirlo es, en una clave en la que saber es aptitud y reside en el habérselas-con, lo que constituye reconocimiento del error y, por lo tanto, abandono del mismo." * 

Reparar, curar, cuidar. Sobre todo, por parte de quien ha cometido injusticia (y daño).

 

* Martínez Marzoa, F. Distancias. Madrid: Abada, 2011 (pp. 19 y 20).  

 

 

miércoles, 20 de marzo de 2024

357. Lo terco

No importa perderse a veces, olvidarse incluso, estar a otra cosa. También explorar, porque quién sabe, quién puede estar siempre seguro del camino. Y lo nuevo (novum, decía Bloch) se anuncia, porque somos tiempo (dice Heidegger), pero volvemos a ello (¿siempre, una y otra vez, como quiso Nietzsche?), aunque sea de un modo re-novado. Si paramos un momento (cuando podamos) y cerramos los ojos (como nos propuso Husserl), notamos que está por ahí cerca, acogedor. Jaspers lo llamo lo abarcador (das Umgreifende), y yo, en un ámbito más pequeño y personal, más autobiográfico (como lo comprendió Dilthey), prefiero llamarlo ahora lo terco, lo que no nos abandona y constituye así una certeza, la mayor, quizás. Y nos persigue, a veces, como un recuerdo, y lo sentimos en el cuerpo, como el tábano de Sócrates.



domingo, 26 de noviembre de 2023

341. Alcibíades, Sócrates y la democracia

 Me gusta cómo escribe Kallifatides, con una estructura narrativa y una escritura claras y sencillas. Ya dije hace unos QSY que a veces puede resultar algo sentencioso, pero eso no le resta sencillez, y con frecuencia contribuye a la claridad del texto. Hace unos días leí en su Timandra este sugestivo diálogo. (Timandra es la amante más bien unilateralde Alcibíades, y es también quien nos narra la historia de la novela).

"Estaba contenta gracias a él, y con frecuencia me ponía de su parte cuando Sócrates se empeñaba en aguarle la fiesta con su crítica constante y, desgraciadamente, cierta.

¿Qué sabes tú que no saben los atenienses? le preguntaba. ¿Por qué quieres gobernarlos? ¿Qué sabes tú lo que es el bien y el mal?

Por supuesto, a Alcibiades no le faltaban respuestas, pero Sócrates se las echaba abajo una tras otra, hasta que Alcibíades no tenía nada que decir y caía en un estado de melancolía que, por suerte, le duraba poco.

Pero ¡¿por qué no le preguntas a los atenienses?! le grité una vez. ¿Por qué no les preguntas por qué quieren que sea su general?

¡Exactamente! dijo Alcibíades, en tono triunfalista.

Sócrates no respondió en seguida, y sabíamos que cuanto más tardara en hablar, peor quedaríamos nosotros.

¡No preguntamos al asno por qué quiere albarda! ¡Preguntamos al arriero!

¡De modo que todos los atenienses son unos asnos! grité, defendiendo la democracia con una vehemencia histriónica.

Cada ateniense, considerado como individuo, no es un asno. Pero todos los atenienses en conjunto se tornan asnos. Los atenienses, como todos los demás, se olvidan y se convierten alegremente en una masa necia."*

No recogería aquí este curioso diálogo (Timandra no votaría en la democracia ateniense, pero podía permitirse pegarle unos buenos gritos a Sócrates), si no me trajera, atravesando eras, a nuestra actualidad política local y cotidiana. Y no pienso solo en los votantes de derechas, sino (lo que es aun peor a efectos prácticos) en los (y las) de izquierdas. 


* Kallifatides T. Timandra. Traducción del griego moderno de Carmen Vilela Gallego. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2022. (pág. 113)