Los archivos de Epstein parecen los (interminables) informes de autopsia de todo un sistema.
"Pensar es reflexionar sobre lo que se sabe." (H.- G. Gadamer) "La dificultad en filosofía está en no decir más de lo que sabemos." (L. Wittgenstein) "El hombre siempre es más de lo que se sabe de él." (K. Jaspers) "Porque no sirve para nada, por eso no está aún caduca la filosofía." (Th. W. Adorno) [ Yo = Alberto Rábano G. del Arroyo]
Los archivos de Epstein parecen los (interminables) informes de autopsia de todo un sistema.
Análogamente, ¿puede uno saber con claridad y certeza lo que quiere (siempre me ha parecido saberlo, casi sin tener que preguntármelo), y a la vez no tener la más remota idea de lo que quiere (debe) hacer? Se ve que también esto es posible.
¿Puede sentirse uno a la vez feliz y desgraciado? ¿Puede uno ser, al mismo tiempo, inmensamente feliz (sí, la felicidad parece ser así, y tiende a la inmensidad, aunque sea breve) y totalmente desgraciado (también este sentimiento parece tender a una totalidad existencial)? Quizás no exactamente al mismo tiempo (en una escala temporal cotidiana, mesocósmica), sino sucesiva, alternativamente. Pues sí, se conoce que sí.
Y que me perdone Sigma el anglicismo (so-called).
La izquierda real (que para la mayor parte de la prensa se define por su posición a la izquierda de...),¿no puede hacer políticas de izquierda efectivas porque está fragmentada, o está fragmentada precisamente porque, en cualquier caso, se le impediría hacer políticas realmente de izquierda?
Ha sido para mí, desde hace muchos años, una norma de pensamiento, una referencia, un marco. A lo largo de mi vida consciente, de mi vida política, el sentido (bueno o malo) de cualquier agente o proceso en la política internacional ha venido dado por sus consecuencias o su implicación para la liberación de Palestina y para la supervivencia de la Revolución Cubana. Si ambas caen, y tendría sentido histórico que cayeran juntas, pero también que tuviera en este mundo fuerza suficiente la solidaridad, la justicia y la esperanza (la Multitud que esperaba Negri) y pudieran también salvarse juntas; si caen, decía ("es un decir"), creo que deberíamos ir preparándonos para lo peor. Así fue entonces:
"(...) si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!…"
César Vallejo, España, aparta de mí este cáliz (1939).
Algo que comparto con Eugenio Trías, mientras termino de leer su El árbol de la vida, es la insatisfacción, ante cualquier cuestión, científica, filosófica o artística, de no saberlo todo, de no haberlo leído todo.
Hay otras cosas que, naturalmente, no puedo compartir en esta lectura: ni la afición del filósofo al "más viejo de todos los oficios"*, ni su amargo y furibundo anticomunismo.
* Trías, Eugenio. El árbol de la vida. Memorias. Destino: Barcelona, 2003 (p. 257).
Venía pensando en supersticiones más o menos cotidianas (§458), en el sentido de Adorno*, y es posible que dos juntas, o puestas en relación, se entiendan mejor que cada una de ellas por separado. Ambas tienen que ver con algo que podríamos calificar genéricamente como competitividad. Incluiré aquí un recuerdo, que me sirve de referencia personal: aquel tutor, o mentor, durante mi periodo de formación, que me decía (como principio de actuación que él mismo practicaba) que para llegar a ser jefe hay que empezar comportándose como un jefe.
Una superstición que llamaré social (o socioeconómica), y que lleva a muchas personas (muchísimas, creo) a pensar que, si se comportan como las personas que están socialmente por encima de ellas (en términos de clase), todo les irá mejor, a ellos mismos y a los suyos. Así pueden medrar tanto, p. ej., la educación y la sanidad concertadas y privadas, y así podría explicarse también ese voto electoral tan masivo (y tan inconsecuente) a los partidos de derecha.
A la otra superstición la llamaré científica, y es algo que vivo con frecuencia en el ámbito profesional. Se trata de expresar pública y frecuentemente lo importante y valioso que es el trabajo que uno mismo hace, y pensar que de este modo, si no lo es (o si no lo es tanto), acabará siéndolo.
* Adorno, Theodor W. Filosofía y superstición. Alianza: Madrid, 1972.