martes, 8 de septiembre de 2026

501. Cambios mínimos

 Así decíamos, traduciendo con cierta inexactitud minimal change, cuando, informando una biopsia (de hígado, p. ej.) no encontrábamos nada claramente patológico, pero tampoco veíamos un tejido enteramente normal. Hace muchos años que no informo una biopsia (y me dedico a lo que llamamos patología post mortem), pero esta fórmula algo gatopardiana me viene bien para nombrar lo que se me ocurre hacer con el título de este blog, ahora que sus entradas superan (justamente ahora) los cinco centenares.

Me pregunto si la famosa frase de Montaigne que vengo usufructuando todos estos años podría de repente mutar en alguna dirección, como hacen, p. ej., los Pokemon. O, para ser más preciso, si ya se ha producido alguna mutación en este blog a lo largo del tiempo que justifique un cambio en su título. Un cambio con sentido, con dirección y sentido. ¿Pero hacía dónde? 

Hay varias direcciones posibles, simultáneas o sucesivas (porque una sugiera, de alguna forma, la siguiente). "Qué se yo", pensé, tal como figura ahora en el título, podría, por un pequeño salto reflexivo, convertirse en un "¿qué sabes tú?", que parece pedir unos signos de interrogación, y aunque pasa de un yo egocéntrico a un tú comunicativo y solidario, lo hace de un modo un tanto desafiante o, en la mejor de las interpretaciones, paternalista. La cosa no mejora si se convierte en un "¿qué sabrás tú?", con o sin signos de interrogación, que parece, más que interesarse por el otro, despreciarlo olímpica e irremisiblemente. Un movimiento reflexivo de vuelta, se diría que humilde, a pesar del reencuentro con uno mismo, nos llevaría a un "¿qué sabré yo?, más melancólico que esperanzado. Y también un poco irresponsable ("...total, a mí..."), o claudicante. Por otra parte el "¿qué puedo saber?" kantiano, al que podríamos llegar por este camino, si lo recorriéramos en el mejor de los sentidos, ya está incorporado a la URL de este blog.

No seguiremos ninguno de esos caminos. Seguiremos fieles a la frase famosa del sabio y solitario pensador bordelés. Incluso algo más fieles, desambiguando nuestro "Qué se yo" sin signos de interrogación y añadiéndole el/los que sí forma(n) parte de la frase original de Montaigne. Se trata de lo que sabemos, de lo que nos preguntamos, de lo que aún no sabemos. De cómo todo eso configura y delimita el campo en el que podemos realmente pensar. 

 

 

lunes, 31 de agosto de 2026

500. Pero podemos intentarlo

 Stoner, de John Williams (1922-1994) es una grandísima novela, con una escritura rica y honda que me recuerda a Melville. Es un homenaje épico a la enseñanza, también como profesión, al amor (y especialmente al amor imposible, o más bien difícil, por decirlo con el título de Calvino), y a la inmensa dignidad de una vida discreta y, a pesar de todo (y de la vida misma), con el más claro y satisfactorio sentido. 

La novela está llena de episodios (cotidianos y profundos) y frases memorables, pero quiero quedarme ahora con uno que me parece especialmente significativo. Representa un momento crítico, decisivo, en la narración y revela la actitud fundamental de William Stoner ante las adversidades que se le van presentando en la vida (muchas, imprevistas y crueles). El profesor Stoner se ha negado a aprobar con su voto a un estudiante, Walker, que oculta su desidia e incompetencia bajo una máscara de retórica desafiante, y bajo una minusvalía física que comparte con otro profesor, Lomax, su protector, némesis de Stoner y próximo jefe del Departamento. El suspenso le impediría a Walker seguir cursando la carrera en esa universidad. Finch (vicedecano y amigo) no ha conseguido que Stoner cambie de opinión, y ambos charlan sobre las consecuencias que para este puede tener no haberse prestado a cambiar su voto en el último momento. 

Demonios», dijo Finch cansado. «Si no lo hace aquí puede ir a cualquier otro sitio a licenciarse, así que a pesar de todo puede que acabe aquí. Puedes perder en esto, lo sabes, no importa lo que hagas. No podemos deshacernos de los Walkers».
«Tal vez no», dijo Stoner. «Pero podemos intentarlo»."*

No tengo mejor argumento (ni ejemplo) que este para enfrentarme al "argumento de Pedro" (§488), esto es, el de la audacia moral, revolucionaria, que, en un mundo corrupto, puede suponer la mera decencia.

 

* Williams, J. Stoner. Traducción de Antonio Díez Fernández. Tenerife: Ediciones Baile del Sol, 2022 (p. 168).