domingo, 25 de octubre de 2026

509. La IA, el tiempo y una advertencia de Steiner

 Llevo casi dos años trabajando en el último artículo de la serie sobre ciencia y filosofía de la memoria. Este es el quinto de la serie y el primero dedicado principalmente a la neurociencia, aunque queda limitado al estado del conocimiento científico en torno al cambio de siglo. Así como me gusta hablar, con bastante ironía, de ingenuidades (las ingenuidades científicas de los filósofos y las ingenuidades filosóficas de los científicos), tengo también que reconocer que yo mismo he caído en mi propio pozo de ingenuidades al intentar abarcar un campo tan extenso, rico y complejo. Después de muchos meses intentando encontrar el camino hacia un esquema conceptual de dimensiones adecuadas al artículo, creo que al final lo encontré, y ya tengo un borrador completo para ir releyendo e incluyendo cuidadosamente las referencias. Leer y leer hasta que todo, hasta la última coma, suene como uno ha ido queriendo poco a poco, en ese lento proceso de aprendizaje, reflexión y elaboración, que suene. Y esto último, logrado ya el borrador avanzado, supone una actividad muy agradable y satisfactoria, hasta el cierre final del texto.

Hay otro artículo de revisión, que me comprometí a escribir para una revista con mucho más impacto, porque me podía servir para preparar un artículo futuro, también neurocientífico, de esta serie. El compromiso original implicaba que debía poder entregarlo en los próximos días. Anduve leyendo libros y algunos artículos con tranquilidad, y disfrutándolos, y tengo una idea clara del índice, de los límites del artículo y su hilo argumental. Pero no tengo nada escrito, solo he podido convivir de verdad estos últimos meses con el artículo anterior. Tanto como vengo hablando de la IA últimamente, ayer pensé: pues venga, veamos qué puede ofrecer la IA en una situación como esta. Y así, dediqué unas cuantas horas a preguntar a distintas IAs (algunas muy centradas en información académica), de forma muy dirigida, sobre los diferentes apartados que ya tenía definidos para mi artículo. Conseguí al final tener un documento escrito en inglés, con textos, tablas y alguna bibliografía (esto último es lo único verdaderamente útil), que más bien parecía un engendro de artículo. Nada que me pueda servir como punto de partida para algo que yo pueda escribir. 

El borrador de un artículo requiere meses o años de reflexión y escritura (micro-escritura lenta y tentativa). Por lo que se ve, el engendro de un artículo se puede generar en unos minutos. Precisamente, buscando la referencia de una cita que había incluido en el artículo anterior (el borrador), he encontrado (en un libro) este texto que George Steiner escribió en 1972:

"(...) Pienso que la 'programación' del conocimiento en las bibliotecas del futuro, administradas electrónicamente, acarreará alteraciones de la sensibilidad, modificaciones en nuestros hábitos de descubrimiento, tan significativos como cualquiera desde la invención del tipo móvil. Es una fórmula que tiende a la desestimación del riesgo, del desperdicio, del derramamiento. Sin embargo, son estos aspectos contrautilitarios de la lectura tradicional los que han determinado mucho de lo mejor de nuestra cultura." *

Acierta la intuición de Steiner, quien no creo que entonces, hace más de medio siglo, pudiera imaginar el alcance actual de esa "administración" electrónica. Y es el tiempo, precisamente el tiempo que la IA pretende "ahorrar", que es el tiempo de nuestra vida, lo que nos permite hacer crecer, también en nosotros mismos, un texto bien pensado y, en lo posible, bien escrito.


* Steiner G. Sobre la dificultad y otros ensayos. Traducción de Adriana Margarita Díaz Enciso. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2006. El texto citado pertenece al ensayo Después del libro,¿qué?, p. 296.



sábado, 17 de octubre de 2026

508. El voto como consentimiento informado

 En algo así como una convergencia repentina entre bioética y biopolítica, encuentro una curiosa analogía entre el voto, p, ej., en estas Elecciones Generales que se avecinan, y el consentimiento informado (CI), como el que le pedimos todos los días a nuestros donantes de tejido para investigación (similar, por otra parte al que se nos solicita habitualmente ante procedimientos médicos o quirúrgicos que impliquen cierto riesgo). (Riesgo, por cierto, concepto insoslayable ante unas elecciones políticas). Cuando le ofrecemos a alguien un CI para que lo firme, hacemos a la vez varias cosas importantes. Le ofrecemos toda la información pertinente, y también la posibilidad de hacer todas las preguntas que le parezcan necesarias. Le explicamos que nada va a cambiar en su vida ni en la atención que reciba tanto si decide firmarlo como si no. También le decimos que no tiene que dar(nos) ninguna explicación en cuanto a por qué lo firma o si más adelante decide retirar su consentimiento. Todo ello es algo que se encuentra en el ámbito inalienable de su autonomía como persona. Esto, que se ha convertido en una práctica cotidiana para muchas personas, no deberíamos olvidarlo, quizás, cuando nos bombardean (casi literalmente, sobre todo la prensa) con los desencuentros políticos e ideológicos en el seno de la izquierda. Como bien nos recuerda (y recomienda) Byung-Chul Han en su último libro, más hablar y debatir entre diferentes (aunque a veces no se llegue a ningún acuerdo), y menos moralizar *. 

 

* Han,  Byung-Chul. Sin respeto. Una crisis social. Barcelona: Paidós, 2026. A este respecto, es especialmente recomendable el capítulo Identidad y alteridad (p. 39 y ss.).

 

 

sábado, 10 de octubre de 2026

507. ¿Saber o pensar?

 Colean aún por aquí las vueltas que le di hace unos días al título montaigniano de este blog. Hay cierta polisemia en saber con la que uno puede estar más o menos cómodo. Está, naturalmente, el "habérselas con las cosas" originario, que bien nos recuerda Martínez Marzoa en sus textos, ligado a eso que las cosas propiamente son (o sean). Saber científico, y también técnico, siempre en perspectiva histórica. Saber necesario, que requiere una actualización constante (con o sin ayuda de la IA). Y saber también cuestionado (¿qué sé?), no solo en un plano epistemológico (el método siempre es importante), sino más bien en una actitud, un estado de ánimo (como decía Heidegger), reflexivo, reflexionante. Saber como cuando respondemos de verdad (aquí es donde aparece este término tan severo) a la pregunta: ¿"y tú qué piensas de esto?". Cuando respondemos, no por la vía fácil, que es la mera opinión, sino por la difícil, la del pensamiento. Saber como pensar, como pararse (un momento, lo que sea, lo que se pueda) a pensar. 

 

 

lunes, 5 de octubre de 2026

506. Estado, nación o país

 De bon matin (así decía el vetusto libro donde aprendía francés con mi tía abuela), mientras me ducho, Café del Sur, ese estupendo programa de radio, me descubre a través del teléfono móvil Io non mi sento italiano, de Giorgio Gaber*, esa especie de carta dirigida al Presidente, con su irónico estribillo y su estrofa final:

"Io non mi sento italiano
Ma per fortuna o purtroppo
Per fortuna o purtroppo
Per fortuna
Per fortuna lo sono.
"

Así mismo me siento, o no me siento, yo, y puede que esta sea una buena manera de diferenciar poéticamente el Estado, la nación, y el país (allí y aquí). Per fortuna, p. ej., pertenezco al mismo país que esa gente, sobre todo joven, que sigue hoy resistiendo en la Puerta del Sol. 

 

 * La web me indica que la canción, como muchas otras, es obra de Sandro Luporini (letra) y Giorgio Gaber (música), una interesante y longeva pareja artística que también acabo de descubrir.

 

 

 

sábado, 3 de octubre de 2026

505. Han y la IA

Hay algo sano −¿o mejor, sanador?− en la reivindicación (que incluye el término latino para "cosa") que hace Han de las cosas frente al imperio digital de las no-cosas que inundan y condicionan nuestra vida (más bien urbana, occidental y septentrional, habría que añadir, para poner las cosas en su sitio). Para el filósofo, la inteligencia artificial representa la quintaesencia de las no-cosas. El mero cálculo (por ultrasofisticado que sea), como ya mostró Heidegger, elevado a oráculo y a herramienta universal. "La inteligencia artificial no puede pensar porque no se le pone la carne de gallina" *. Lo suscribo, aunque no deje de utilizar la IA, sin devoción alguna, allí donde (como a tantos), se me ha hecho necesaria. 

 

* Han, Byung-Chul. No-cosas. Traducción de Joaquín Chamorro Mielke. Barcelona: Taurus, 2024 (p. 53). Me resulta especialmente simpática en este libro la referencia, muy oportuna, al sabio zorro de Saint-Exupéry (p. 93 y ss.). 

 

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

504. Lo normal y lo patológico

Qué es o consideramos normal y qué no tiene siempre una raíz (problemática, crítica) en lo biológico, una raíz biopolítica (y, por lo tanto, histórica, así nos lo enseñaron Canguilhem y Foucault).  

 En un mensaje imaginario dirigido a un activista social (de una organización en la que milita su hija), Enrique, personaje un tanto gris de El padre de blancanieves, de Belén Gopegui, describe así implícitamente su propia condición pequeñoburguesa:

"Educar bien a mis hijos, procurar ser amable, defenderme, defender a los míos, ser un poco hijo de puta cuando así me lo exijan las circunstancias, no interferir en asuntos que estén fuera de mi radio de acción, pagar la menor cantidad posible de impuestos, disfrutar de la vida, evitar la crueldad gratuita. Son mis preceptos. No los he consignado en un documento porque soy yo quien espera eso de mí. Sinceramente pienso que con ellos contribuyo al equilibrio, cosa que no hacen los gatos cuando dejan de cazar ratones. Y es posible que tres o cuatro veces al año tenga envidia de ti. También me pasa al escuchar la historia del aventurero encerrado en una base de la Antártida, o la de un amigo que está echando a perder su vida por un encoñamiento. No son situaciones que quisiera para mí; sin embargo, durante unos segundos, me parecen muy deseables. ¿Envidio la intensidad? ¿La certeza? Repito que no querría esas vidas, pero me atrae la idea de poder vivirlas." *

 No casualmente, unas páginas más adelante, el receptor de ese mensaje imaginario (o literario), recuerda su pasión adolescente por el poema Felices los normales, de Roberto Fernández Retamar, el poeta cubano. 

"Felices los normales, esos seres extraños.
(...)
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
(...)
 Los delicados, los sensatos, los finos,
(...) 
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen (...)"

 Sí, Enrique envidia la poesía (de la vida), su intensidad y certeza, tal como el propio Fernández Retamar intentó definirla en una entrevista recogida en la página que le dedica la Wikipedia:

"Lo que uno quisiera es (...) que la poesía, en fin, sea leída como uno leyó la poesía: porque era la vida misma, incandescente." **

 

 * Gopegui, B. El padre de Blancanieves. Barcelona: Penguin Random House, 2025.

**  https://es.wikipedia.org/wiki/Roberto_Fern%C3%A1ndez_Retamar

 


viernes, 18 de septiembre de 2026

503. As is

 Lo leo en un MTA (material transfer agreement), un documento de compromiso que se firma cuando uno cede o recibe muestras o productos biológicos (cosas de biobancos, de "biobanqueros"). En este caso, nos envían un producto (un anticuerpo), y dice el documento que se nos proporciona "as is", tal cual, sin procesar, sin elaborar (que, por lo visto, esto otro se dice "to be" en este lenguaje jurídico o contractual tan ontológico).

 Se me ocurre que así hay que tomar también la vida (bios), tal como viene, como está, sin mucha elaboración, as is. Sin interpretar, como quería Rilke. Cuando recibimos y cuando damos, como en el MTA.