¿Qué es lo que vale más la pena pensar? (Por decirlo con cierto aire heideggeriano). Sigue siendo eso, creo: esa línea de sutura, como vengo diciendo (zoé, bios), ese gozne, como decían Wittgenstein y Trías, aunque cada uno en un sentido algo diferente (y habría que analizar bien esta diferencia); ese intrincado espacio de contacto entre nuestra oculta e infinitamente compleja vida biológica (el ser vivo, el animal, el hominoide que en el fondo somos, y también en la superficie) y nuestro diáfano mundo lingüístico, noético, cultural y tecnológico. Seguimos siendo en eso profundamente darwinistas, y fieles tanto al segundo como al primer Origen.
Y todo ello, ¿para qué? ¿Entenderíamos así, p. ej., mejor a Rilke*? Precisamente, como decía Freud, llegaríamos con el pensamiento racional y la ciencia allí donde han estado siempre antes, con sus intuiciones, los poetas. Los grandes poetas se acercan a esa zona, a las "galerías del alma", con la palabra como único instrumento, en el límite de lo inefable, al servicio de la intuición, en sentido bergsoniano. Y nos ayudan, con sus poemas, a que nosotros intentemos hacer lo mismo. ¿Qué quiere decir estar vivo, sentirse vivo?, me preguntaba yo en mi proyecto de tesis. Eso, justamente eso que podemos intentar pensar científica y filosóficamente, e intuir poéticamente.
* Digo Rilke como podría hablar de muchos otros poetas de los grandes. Eustaquio Burjau, excelente traductor de Heidegger, da cuenta, con cierta ironía, de la dificultad que entraña entender la poesía de Rilke en la Introducción a su propia traducción del poeta austriaco: "(...) ¿cómo es posible que un poeta tan difícil y que presenta un universo conceptual tan coherente y cerrado haya podido ser objeto de una atención tan pertinaz por parte de poetas y lectores? ¿Entendieron realmente a Rilke quienes lo leyeron con tanta pasión y se dejaron fecundar por él? (...) ¿Es posible que un poeta pueda influir en otros sin que estos lo hayan entendido del todo, o no lo hayan entendido en absoluto?" (Rilke, R. M. Elegías de Duino. Sonetos a Orfeo. Traducción de Eustaquio Burjau. Madrid: Cátedra, 2025, p. [50])