Así decíamos, traduciendo con cierta inexactitud minimal change, cuando, informando una biopsia (de hígado, p. ej.) no encontrábamos nada claramente patológico, pero tampoco veíamos un tejido enteramente normal. Hace muchos años que no informo una biopsia (y me dedico a lo que llamamos patología post mortem), pero esta fórmula algo gatopardiana me viene bien para nombrar lo que se me ocurre hacer con el título de este blog, ahora que sus entradas superan (justamente ahora) los cinco centenares.
Me pregunto si la famosa frase de Montaigne que vengo usufructuando todos estos años podría de repente mutar en alguna dirección, como hacen, p. ej., los Pokemon. O, para ser más preciso, si ya se ha producido alguna mutación en este blog a lo largo del tiempo que justifique un cambio en su título. Un cambio con sentido, con dirección y sentido. ¿Pero hacía dónde?
Hay varias direcciones posibles, simultáneas o sucesivas (porque una sugiera, de alguna forma, la siguiente). "Qué se yo", pensé, tal como figura ahora en el título, podría, por un pequeño salto reflexivo, convertirse en un "¿qué sabes tú?", que parece pedir unos signos de interrogación, y aunque pasa de un yo egocéntrico a un tú comunicativo y solidario, lo hace de un modo un tanto desafiante o, en la mejor de las interpretaciones, paternalista. La cosa no mejora si se convierte en un "¿qué sabrás tú?", con o sin signos de interrogación, que parece, más que interesarse por el otro, despreciarlo olímpica e irremisiblemente. Un movimiento reflexivo de vuelta, se diría que humilde, a pesar del reencuentro con uno mismo, nos llevaría a un "¿qué sabré yo?, más melancólico que esperanzado. Y también un poco irresponsable ("...total, a mí..."), o claudicante. Por otra parte el "¿qué puedo saber?" kantiano, al que podríamos llegar por este camino, si lo recorriéramos en el mejor de los sentidos, ya está incorporado a la URL de este blog.
No seguiremos ninguno de esos caminos. Seguiremos fieles a la frase famosa del sabio y solitario pensador bordelés. Incluso algo más fieles, desambiguando nuestro "Qué se yo" sin signos de interrogación y añadiéndole el/los que sí forma(n) parte de la frase original de Montaigne. Se trata de lo que sabemos, de lo que nos preguntamos, de lo que aún no sabemos. De cómo todo eso configura y delimita el campo en el que podemos realmente pensar.