domingo, 23 de agosto de 2026

499. Lo que vale la pena

 ¿Qué es lo que vale más la pena pensar? (Por decirlo con cierto aire heideggeriano). Sigue siendo eso, creo: esa línea de sutura, como vengo diciendo (zoé, bios), ese gozne, como decían Wittgenstein y Trías, aunque cada uno en un sentido algo diferente (y habría que analizar bien esta diferencia); ese intrincado espacio de contacto entre nuestra oculta e infinitamente compleja vida biológica (el ser vivo, el animal, el hominoide que  en el fondo somos, y también en la superficie) y nuestro diáfano mundo lingüístico, noético, cultural y tecnológico. Seguimos siendo en eso profundamente darwinistas, y fieles tanto al segundo como al primer Origen

Y todo ello, ¿para qué? ¿Entenderíamos así, p. ej., mejor a Rilke? Precisamente, como decía Freud, llegaríamos con el pensamiento racional y la ciencia allí donde han estado siempre antes, con sus intuiciones, los poetas. Los grandes poetas se acercan a esa zona, a las "galerías del alma", con la palabra como único instrumento, en el límite de lo inefable, al servicio de la intuición, en sentido bergsoniano. Y nos ayudan, con sus poemas, a que nosotros intentemos hacer lo mismo. ¿Qué quiere decir estar vivo, sentirse vivo?, me preguntaba yo en mi proyecto de tesis. Eso, justamente eso que podemos intentar pensar científica y filosóficamente, e intuir poéticamente.

 

 

498. Las vacaciones, el descanso y el espacio abierto

 Unos días recientes de descanso pueden ser un buen motivo para pensar en qué consiste realmente esto de "desconectarse" en vacaciones; o por qué vuelve uno de estos retiros o viajes, más o menos prolongados, con un ánimo en cierto modo renovado. No quisiera perderme en consideraciones sobre lo "turístico" y lo ajeno que se ha ido volviendo todo eso para mí en los últimos años. En realidad, creo haber hecho poco turismo, más allá de haber visitado unos cuantos sitios interesantes más bien al acaso y preferiblemente a pie. Cada uno puede tener sus motivos o sus ganas particulares, más o menos conscientes, para irse de vacaciones, y tampoco voy a entrar en ese aspecto sociológico, pero una reflexión de este tipo, más bien banal, también podría ofrecernos alguna clave sobre lo que queremos dejar aquí cuando nos vamos, cuando nos ausentamos temporalmente (siempre con ganas y con cierta prisa). El contexto personal o familiar de las vacaciones, por último, es importante, naturalmente, pero no creo que afecte a lo que ocurre en el plano intencional y emocional que persigo ahora en esta breve reflexión (algo retrospectiva, como se verá a continuación).

 Unos pocos días tranquilos en el valle del Miño/Minho, en su tramo transfonterizo, me han hecho pensar que algo que me produce calma y sensación de descanso es el espacio abierto y claro, luminoso, como el que, de forma ejemplar pude contemplar desde Melgaço, hacia el Oeste en la dirección del curso del río, que allí queda oculto en el fondo del valle. O también en la ribera portuguesa del río, recorriéndola tranquilamente en bici, y disfrutando, casi en soledad, de una paz que solo en sitios como este es posible encontrar. Un espacio abierto, inmenso, y aun así de dimensiones humanas, asimilables, unitario y con sentido, por más que técnicamente (por decirlo de alguna forma), incluya dos países vecinos. Tanto da eso, aunque me sirviera en ese momento también para actualizar una metáfora geográfica, de hace algunos años, sobre mi condición híbrida (ciencia/filosofía), con motivo entonces de otro valle gallego (§224). Lo abierto (Das Offene), que me lleva, en uno de esos tránsitos que tanto me entretienen (así es mi Glasperlenspiel personal) a otro QSY más antiguo (§157) donde recordaba un artículo de Carlos Gurméndez en El País. Allí el filósofo y amigo, desde su Pontedeume vacacional (otro río y otro valle en Galicia), recordaba la crítica (filosófica, Auseinandersetzung) de Heidegger a Rilke sobre lo que significa el espacio abierto para el animal y para el hombre (Octava Elegía, Elegías de Duino). Como la cuestión es de las que me interesan especialmente, habrá espacio aquí en un futuro cercano para decir si en eso estoy con el filósofo o con el poeta. Es posible que el recuerdo de mi pequeño viaje por el valle del Miño me ayude a decidirme. 



viernes, 14 de agosto de 2026

497. Insustituible

 De nuevo a vueltas con la memoria. En este último tiempo, por diferentes motivos, más o menos académicos, más o menos personales, todos ellos compartidos por la memoria autobiográfica. Tenemos que distinguir bien entre el pasado y el recuerdo. El pasado es insustituible, insoslayable, como en los versos de Rilke*. El recuerdo no, porque mira más al futuro que al pasado. El pasado está escrito en nuestro cuerpo y en nuestro mundo, en los seres humanos que lo conforman, aunque no sepamos leerlo (la mayoría de las veces). Está incorporado a nuestro presente, física, materialmente. Es la obra, humilde y fugaz, que somos; en cierto modo cerrada, cumplida, aunque siempre interpretable. Que todo ese pasado y su innegable sentido trascienda o no a nuestros sentimientos, pensamientos o sueños actuales, eso depende de muchas cosas; quizás, en gran medida, de lo que esperamos de él en cada momento. 

(Monçao) 

 

*  “(…) Todo una
vez, sólo una. Una vez y nada más. Y nosotros también
una vez. Nunca otra. Pero este
haber sido una vez, aunque sea una sola:
haber sido terrenal, no parece revocable.”

(R. M. Rilke, Novena Elegía, Elegías de Duino.) 

 

 

sábado, 8 de agosto de 2026

496. Paz y silencio

 Esto mismo escribía ayer en un mensaje de whatsapp dirigido a un amigo, eso que me parece haber encontrado durante unos días en un pequeño hotel perdido (es un decir) por los montes del Sur de Galicia, no lejos del Miño. Tan sociables como somos (aunque no sea yo el mejor ejemplo de sociabilidad humana, como tantas veces se me recuerda), creo que muchos disfrutamos a veces de una especie de retiro existencial que nos permita habérnoslas tranquilamente con nuestro hombre interior, como decía San Agustín (Noli foras ire...). Solo eso, un poco de calma y de silencio, como quería Schopenhauer,* sin abusar, sin glorificar la soledad** ni menospreciar la amable, cálida y necesaria compañía de las personas a las que queremos.

(Fofe, O Covelo) 

 

* No tengo ahora a mano esa cita del filósofo que hace años imprimí en una hoja y tuve expuesta durante mucho tiempo en mi despacho del hospital. Venía a decir (la buscaré) que la inteligencia de una persona es inversamente proporcional a la cantidad de ruido que es capaz de tolerar.

** No es, creo, lo que hace Cernuda en su Soliloquio del farero, cuando dice "soledad tan mía", y su faro parece un buen retiro, como este hotel, perdido en "el bosque y su alentar pagano".

 

 

jueves, 6 de agosto de 2026

495. Seis de agosto (algo nietzscheano)

 No deberíamos dejar pasar ningún 6 de agosto sin recordar el inmenso crimen de guerra (el mayor) que se cometió en el mismo día de 1945: Hiroshima, tres días antes de su réplica en Nagasaki. Así lo recordé aquí hace unos años (§223).

La preparación de varios artículos me ha llevado en los últimos meses a leer mucho sobre la hominización y sobre la conducta de los simios, desde los lúcidos párrafos de Darwin en su segundo Origen hasta las estimulantes conversaciones que mantuvieron Jean-Pierre Changeux y Paul Ricoeur en torno al cambio de siglo (neurociencia y filosofía)*, donde discutían sobre el origen de la moral, de la moralidad humana. ¿No será la extrema crueldad con sus congéneres lo que haya que explicar como específico de Homo sapiens? ¿Y no será la moralidad humana solo una coartada, una excusa, un eufemismo para poder ejercer impunemente esa crueldad?

 

 * Changeux, Jean Pierre y Paul Ricoeur. La naturaleza y la norma. México: Fondo de Cultura Económica, 2001.

 

 

miércoles, 5 de agosto de 2026

494. Christa

 Si algún día decidiera escribir una novela o algún texto narrativo (no sé si es algo de lo que pueda decirse que se decide un buen día), me gustaría saber hacerlo como Christa Wolf, con la cadencia del pensamiento, del recuerdo, de la nostalgia. Como en esa pequeña joya, August, donde la vida actual, cotidiana, se pliega sobre un pasado duro que le da sentido*; o como en Pieza de verano, donde la autora rescata del olvido fragmentos de vida densos, plenos, complejos, de un grupo de amigos a lo largo de los años**. No sin nostalgia, que no se puede salvar el pasado sin daño (Heimweh).

 

* Wolf, Christa. August. Traducción de María Bornas. Barcelona: Libros del Asteroide, 2026.

**  Wolf, Christa. Pieza de verano. Traducción de Ana María de la Fuente. Barcelona: Seix Barral, 1990.

 

 

sábado, 1 de agosto de 2026

493. Algo sagrado

 Si tuviera que decir qué es para mí lo sagrado intentaría explicar de qué modo y por qué considero que lo vivo, lo viviente, la vida, puede alcanzar ese rango, esa categoría, si se hacen algunas precisiones necesarias: la vida, los seres vivos capaces de sufrir, p. ej. (es decir, capaces de sentir su propia fragilidad y finitud, y en muchos casos también las de sus congéneres); y en primer lugar, naturalmente, la vida humana, el ser humano. 

Hay también, en el mundo propiamente humano (meta-simio, si pudiéramos llamarlo así), algo práctico, inmediato, cotidiano, que puedo llamar sagrado. Se trata de lo colectivo, lo común (material o simbólico), lo que no es de nadie y es de todos. 

Desde este punto de vista (el de lo sagrado) podría decir que hay dos actitudes fundamentales entre los seres humanos, que traducen dos ideologías opuestas: la de aquellos que consideran que lo suyo, lo que les pertenece (o lo que desean poseer), es sagrado; y la de los que pensamos (sentimos) que lo sagrado es precisamente eso que no nos pertenece, y que entre todos debemos cuidar (lo público, tanto si es la sanidad o la educación como si es un parque; así como nuestro entorno natural, los bosques, los ríos, el mar, el aire). Eso que no es mío y que nunca podría ser mío, eso es lo sagrado.