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domingo, 22 de marzo de 2026

476. Blowing in the wind, letra y música

 Vivimos tiempos en los que la necropolítica de este siglo parece estar emulando la del siglo XX. Se trata de matar por matar, por demostrar al mundo que se tiene la capacidad de matar cuando uno quiere y en la cantidad que a uno le parezca mejor. La quintaesencia del poder, el dron, el misil, la máquina de matar más (artificialmente) inteligente. Pienso, y recuerdo aquella idea de Konrad Lorenz, si estos asesinos en serie (en masa) serían capaces de matar a tantas personas, a tantos niños, con sus propias manos. De la biopolítica del "hacer vivir, dejar morir", en la formulación de Foucault, volvemos a la necropolítica del poder soberano feudal, "hacer morir, dejar vivir". 

 "Yes, and how many times must the cannonballs flyBefore they're forever banned?"

Comparto el análisis emocionado que hace Christopher Ricks de esta sencilla y profunda canción de Dylan*. ¿Qué más tiene que pasar? 

"Yes, and how many deaths will it take 'til he knowsThat too many people have died?" 

 ¿Cuántos seres humanos más, cuántos niños, tienen que ser asesinados cada día**? Sí, como en Auschwitz, y allí están las palabras de Santayana para advertirnos, recordarnos y prevenirnos, lúcidamente, inútilmente.

Quiero pensar que al lamento un tanto desesperanzado del poeta, el de sus versiones originales de esta canción sencilla, hermosa y universal, Willie Nile le ha imprimido un giro activista, militante, ligeramente heavy**, algo que me recuerda al final del cuarto movimiento de la Quinta Sinfonía de Shostakóvich, con ese viento

  "The answer, my friend, is blowin' in the windThe answer is blowin' in the wind."

 y ese timbal que parece anunciar todo lo que es o sería posible si lo hacemos (si lo hiciéramos) unidos, juntos.

 

Ricks, Christopher. Dylan poeta. Visiones del pecado. San Lorenzo de El Escorial: Langre, 2007, p. 339 y ss.

** Recordémoslo, asesinados por orden de unos sujetos que han sido elegidos "democráticamente" a través del voto de otras personas. ¿Cómplices o cautivos? Debería existir el derecho de revocación del voto.

***  https://www.youtube.com/watch?v=qIt8U68Z2GA

 

  

viernes, 10 de noviembre de 2017

9. Música y pensamiento



La música es perfecta cuando, escuchada, deja de sentirse para convertirse en pensamiento. Algo parecido le ocurre al pensamiento con respecto a la realidad cuando se hace claro y ligero y nos libera del tremendo peso de querer entender, entendiendo.
Shostakóvich, Op. 57. Intermezzo, cuarto movimiento. Esa tensión mantenida y modulada de los violines sobre el ritmo constante que marca el piano representa a la vez un pensamiento y un sentimiento, de modo que es lo mismo oírla que pensarla. (Huellas, 1992)

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Sí, ciertamente, he sido y soy todavía capaz de conmoverme profundamente con la gran música, de un modo que otras formas artísticas pocas veces alcanzan, llevando nuestra capacidad emocional, aparentemente, más allá de nosotros mismos, o al menos de nuestro horizonte cotidiano. El Andante del Concierto para piano Nº 2 de Brahms, o el Benedictus dei de la Missa Solemnis de Beethoven (por poner un par ejemplos que llevo especialmente conmigo desde hace muchos años) siguen teniendo ese intenso efecto luminoso sobre mí. "Siempre la claridad viene del cielo" (Claudio Rodríguez). De esa claridad hablo. Sin embargo (entiéndase aquí solo un matiz, un giro, una inclinación, más que un "pero"), han sido sobre todo las canciones de Bob Dylan, Leonard Cohen, Dire Straits, Aztec Camera o Billy Joel (entre otros muchos) las que le han devuelto, alegre o melancólicamente, el sentido, al menos durante unos instantes, a muchas horas oscuras de mi vida. (Huellas, 2018)

Y no exagero, que podría parecer, habría que añadir. (2019)

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"Para que el hilo tenue tan infinitamente se prolongue,
para que solo quede por decir
la total extensión de lo indecible,
para que la libertad se manifieste,
para que andar del otro lado de la muerte sea
semplice e cantabile
y aquí y allí la música nos lleve
al centro, al fuego, al aire,
al agua antenatal que envuelve
la forma indescifrable
de lo que nunca nadie aún ha hecho
nacer en la mañana del mundo."

José Ángel Valente, Arietta, opus 111.

(Segundo movimiento de la Sonata Nº 32 en do menor, de Beethoven, la última que escribió.)