miércoles, 29 de abril de 2026

480. Generaciones

 Lo dijo Eugénio de Andrade, o más bien se lo dijo su voz poética a su madre, heridas las dos:

"No mais fundo de ti,
eu sei que traí, mãe.
 
Tudo porque já no sou 
o menino adormecido 
no fundo dos teus olhos. 
(...)
 
Mas tu esqueceste muita coisa; 
esqueceste que as minhas pernas cresceram, 
que todo o meu corpo cresceu, 
e até o meu coração 
ficou enorme, mãe! 
(...)

Mas ‒tu sabes‒ a noite é enorme 

e todo o meu corpo cresceu. 
(...)"*

También Claudio Rodríguez, su voz poética, aun más herida, se lo dijo a su madre:  

"Conmigo tú no tengas 

remordimiento, madre. Yo te dejo lo único 
que puedo darte ahora: si no amor, 
sí reconciliación. (...)
 
Sólo he crecido en esqueleto: mírame. 
Asómate como antes 
a la ventana. Tú no pienses nunca 
en esa caña cruda que me irguió 
hace dieciséis años. Tú ven, ven, 
mira qué clara está la noche ahora, 
mira que yo te quiero, que es verdad, 
mira cómo donde hubo 
parcelas hay llanuras, 
mira a tu hijo que vuelve 
sin camino y sin manta, como entonces, 
a tu regazo con remordimiento."**

 Decía Bergson que las generaciones se inclinan unas sobre otras, y ahí están ‒eso lo digo yo‒ también los hijos y los padres, los padres y los hijos, yendo y viniendo, doliéndose y celebrándose. Crecimos, crecisteis, crecieron.

 

* Eugénio de Andrade, Poema à mãe, de Os amantes sem dinheiro.

** Claudio Rodríguez, En invierno es mejor un cuento triste, de Alianza y condena.

 

 

 

No hay comentarios: