Hay un modo mental, o quizás mejor disposicional (o intencional), que se caracteriza por construir, producir, por tomar decisiones y tener presente en todo momento adónde se quiere llegar. Querer, sí (no hay que olvidar a Schopenhauer), y también planificar (con nuestros lóbulos frontales bien activos y dominantes). El artículo que hay que escribir, la presentación que hay que preparar. Sí, aunque en todas las cosas el proceso creativo (término este un tanto eufemístico e hiperbólico) sea al final mucho más inconsciente y afortunadamente las cosas suelan "salir solas", o así lo parezca. Y eso implica también aprovechar muy bien el tiempo, por lo general tan escaso, tan compacto.
Pues bien, es posible que unas vacaciones (mentales o, de nuevo, mejor disposicionales), aun cortas (su tiempo no es el de la producción, sino el de la contemplación), lleguen a serlo realmente por poner en suspenso (como en una epoché fenomenológica), siquiera durante unos días, esa necesidad habitual (también hábito) de construir y decidir. Ni ciencia de día ni ciencia de noche (pensando en Jacob): en todo caso, ciencia de vacaciones.
(Cruceiro de Roo, julio de 2026)
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