sábado, 20 de junio de 2026

488. El argumento de Pedro

 Pienso en estos días en Pedro, amigo entrañable con quien compartí, hace ya muchos años, vida académica y también profesional*. Murió muy joven, y todo lo que compartí con él, nuestra amistad, nuestras charlas, y una terrible enfermedad terminal que se le diagnosticó unos años después en otro hospital, al que yo me había incorporado poco antes, lo hacen inolvidable para mí. 

Y pienso en Pedro porque también pienso mucho últimamente en Cuba (y en Palestina, claro).

 Pedro era anarquista, y lo era de verdad (le gustaba decir eso de "el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente"); y yo era comunista, también (eso creía y eso creo aún) de verdad. Así, nuestras conversaciones, intensas, pero siempre amables, cuidadosas y marcadas por el respeto mutuo (nos estimábamos), podían ser interminables. Recuerdo bien un argumento que él utilizaba cuando hablábamos de Cuba y del inhumano bloqueo estadounidense, al que Occidente se viene plegando desde hace ya 64 años (en aquel tiempo, el bloqueo tenía una historia de "solo" unos 30 años). 

Decía Pedro, y es un argumento que he escuchado después con pequeñas variaciones, que ¿qué esperaba la Revolución Cubana, que el Imperio le iba a poner las cosas fáciles? Si, además, durante décadas fue una fuente de aliento e inspiración para muchos movimientos de liberación en el Tercer Mundo, ¿qué podía esperar Cuba, sino la guerra total, caliente y fría, por parte de Occidente? Cuba, y también Palestina, que el mismo argumento se ha aplicado de forma especular a Palestina. ¿A qué se creen que pueden aspirar los pueblos cubano y palestino, si no son nadie, si no tienen ningún poder? ¿Creen que pueden desafiar a los que sí lo tienen?

¿Qué tipo de poder? ¿El de la solidaridad de más de medio mundo? No, qué va, y ya lo estamos viendo con obscena transparencia en estos últimos años: el poder militar. Mientras existió la Unión Soviética, Cuba (y también Palestina) tuvo el apoyo de un poder militar de efecto disuasorio para Estados Unidos. Hoy China, con su inmenso poder militar, y con su compleja influencia económica sobre el resto del mundo, es capaz de detener al Imperio ante sus propias fronteras, pero no de evitar el genocidio palestino y el posible final de la Revolución Cubana a corto plazo (todavía no, podríamos pensar). 

Me interesó hace poco un texto de Zizek sobre la encíclica del papa León Magnifica humanitas y su crítica del uso de la IA por parte del feudalismo digital (dice Zizek) o del tecnofeudalismo (dice Varoufakis), quizás lo más parecido hoy al "poder absoluto" del que hablaba entonces Pedro. En su artículo, el filósofo esloveno cita un texto sobrecogedor de un libro reciente de Alex Karp***, director ejecutivo de Palantir, la empresa tecnológica que guía las guerras de Estados Unidos e Israel:

"La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro de este siglo se construirá sobre software. La cuestión no es si se construirán armas de IA; la cuestión es quién las construirá y con qué propósito."

Poder militar, poder duro (hard), tal cual, en algo que seguramente quiere ser un juego de palabras con la "blandura" nominal del software. Y si eso es así allí, en los sitios del horror, donde no parece posible ya (o de momento) pensar nada por fuera de los límites que marca el sometimiento al poder militar, ¿a qué puede aspirar la izquierda en Occidente, más allá de avergonzarse del colaboracionismo activo o pasivo de sus gobiernos? Mejor no intentar nada, podríamos pensar, mientras la correlación de fuerzas (así decíamos entonces) nos sea tan desfavorable. 

Edgar Morin, que murió hace unos días, centenario lúcido hasta el final, creía en el boicot, en la movilización masiva de la población. Toni Negri, por su parte, propuso que es precisamente la Multitud creada por ese nuevo capitalismo, por el Imperio, la que tiene el poder de cambiar las cosas. 

Sigo discutiendo con Pedro después de tantos años. ¿Qué hacer, cómo, cuándo, dónde, quién(es)? En algo estábamos siempre de acuerdo, como marca, quizás del activismo político de nuestra generación: que no debíamos renunciar a nuestros principios morales y políticos de izquierda, y que debíamos vivir y conducirnos conforme a esos principios. 

 

* Nos reencontramos, años después de la carrera y de nuestras respectivas especializaciones, en un pequeño hospital de la periferia, medio olvidado por las autoridades sanitarias, al que, en nuestros cafés literarios de media mañana, llamábamos "El desierto de los tártaros" (en realidad, la fortaleza militar que aparece en la novela de Buzzati). Siempre parecía que iba a pasar algo, algo importante para el futuro del hospital, para el que todos teníamos grandes planes, pero al final nunca pasaba nada. Como decíamos entonces en broma, de vez en cuando nos despertábamos, mirábamos, escuchábamos, nos dábamos la vuelta en la cama y seguíamos durmiendo. 

** Zizek, S. ¿Quién es el anticristo hoy? Revista "Perfil" (09/06/2026): https://www.perfil.com/noticias/opinion/quien-es-el-anticristo-hoy.phtml


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