En su El surco del tiempo, recoge Lledó el texto platónico que toma como base para una profunda reflexión sobre el mito de Theuth y Thamus, es decir, sobre la escritura y la memoria. En la Introducción del libro, transcribe el filósofo los textos fundamentales del Fedro, donde Sócrates presenta la historia del dios y el rey egipcios; en la traducción, además, que el propio LLedó hizo para la edición de la editorial Gredos. En una sola frase de ese texto se expresa todo (y seguramente mucho más de) lo que yo podría decir de estos QSY:
"(...) Más bien, los jardines de las letras, según parece, los sembrará y escribirá, como por entretenimiento; atesorando, al escribirlos, recordatorios para cuando llegue la edad del olvido, que le servirán a él y a cuantos hayan seguido sus mismas huellas." *
No se trata aquí tanto de la semilla inmortal proclamada por Sócrates en ese mismo texto (o en todo caso, será la semilla sembrada por otros, por tantos otros), como de las piedrecitas (no las migas de pan), que se van dejando caer, no en el jardín, sino en el bosque (con todas sus reminiscencias heideggerianas, por qué no) de Hänsel y Grethel.
* LLedó, E. El surco del tiempo. Barcelona: Ed. Crítica, 1992 (pp. 21 y 22). Fedro 276d.
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