Esto mismo escribía ayer en un mensaje de whatsapp dirigido a un amigo, eso que me parece haber encontrado durante unos días en un pequeño hotel perdido (es un decir) por los montes del Sur de Galicia, no lejos del Miño. Tan sociables como somos (aunque no sea yo el mejor ejemplo de sociabilidad humana, como tantas veces se me recuerda), creo que muchos disfrutamos a veces de una especie de retiro existencial que nos permita habérnoslas tranquilamente con nuestro hombre interior, como decía San Agustín (Noli foras ire...). Solo eso, un poco de calma y de silencio, como quería Schopenhauer,* sin abusar, sin glorificar la soledad** ni menospreciar la amable, cálida y necesaria compañía de las personas a las que queremos.
(Fofe, O Covelo)
* No tengo ahora a mano esa cita del filósofo que hace años imprimí en una hoja y tuve expuesta durante mucho tiempo en mi despacho del hospital. Venía a decir (la buscaré) que la inteligencia de una persona es inversamente proporcional a la cantidad de ruido que es capaz de tolerar.
** No es, creo, lo que hace Cernuda en su Soliloquio del farero, cuando dice "soledad tan mía", y su faro parece un buen retiro, como este hotel, perdido en "el bosque y su alentar pagano".
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