Colean aún por aquí las vueltas que le di hace unos días al título montaigniano de este blog. Hay cierta polisemia en saber con la que uno puede estar más o menos cómodo. Está, naturalmente, el "habérselas con las cosas" originario, que bien nos recuerda Martínez Marzoa en sus textos, ligado a eso que las cosas propiamente son (o sean). Saber científico, y también técnico, siempre en perspectiva histórica. Saber necesario, que requiere una actualización constante (con o sin ayuda de la IA). Y saber también cuestionado (¿qué sé?), no solo en un plano epistemológico (el método siempre es importante), sino más bien en una actitud, un estado de ánimo (como decía Heidegger), reflexivo, reflexionante. Saber como cuando respondemos de verdad (aquí es donde aparece este término tan severo) a la pregunta: ¿"y tú qué piensas de esto?". Cuando respondemos, no por la vía fácil, que es la mera opinión, sino por la difícil, la del pensamiento. Saber como pensar, como pararse (un momento, lo que sea, lo que se pueda) a pensar.
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